jueves, 15 de febrero de 2018

Los robots sexuales, ¿nuestros nuevos compañeros?



Aunque en realidad sería más apropiado hablar de LAS robots sexuales (sexbots) como nuevas compañeras pues los pocos estudios que hay hasta la fecha sobre este asunto parecen demostrar claramente que son los hombres los que se manifiestan mucho más propensos a la utilización de robots sexuales en comparación con las mujeres.

Se podría pensar que este título obedece más a un artículo o película de ciencia-ficción, como la ya antigua “Cherry2000” o las más recientes “Ex-Machina”, “Westworld” o “Lars and the Real Girl”, que a una cuestión actual. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Este tipo de robots ya está aquí, formando parte de la industria de “juguetes” sexuales que anualmente mueve más de 30.000 millones de dólares. Una muestra de ello es la noticia de la inauguración en Barcelona, el 24 de febrero de 2017, del primer burdel de muñecas hiperrealistas (las “sex dolls” o “lumi dolls). Este prostíbulo funciona como cualquier otro, las muñecas “alquilan” una habitación del local para ofrecer sus servicios. En el local hay un responsable de “preparar a la muñeca” según las exigencias de cada usuario, de manera que se las viste y colocan en el lugar y la posición que indica el cliente.

¿Estamos ante una nueva manera de tener “sexo seguro”?

Los defensores de las robots sexuales enfatizan el hecho de que mantener relaciones sexuales con una “sex doll” (y su versión inteligente, la “sexbot”) supone obtener placer sin riesgo de contraer una infección de transmisión sexual. Y no solo eso, también señalan que este tipo de pareja sexual “siempre está disponible”, a merced del deseo de su propietario.

Amor y sexo con robots

La irrupción de este tipo de compañeras y compañeros sexuales ya ha despertado el interés científico y no pocas controversias y preocupaciones, especialmente en el campo de la bioética, aunque todavía hay un gran déficit en su estudio.

Desde 2015 se viene celebrando un congreso internacional anual, “Amor y Sexo con Robots” (Love and Sex with Robots), nombre que se corresponde con el del libro escrito en 2007 por David Levy, antiguo maestro de ajedrez y experto en inteligencia artificial. Este año será la cuarta edición organizada por la Universidad de Montana (EE.UU.) los días 6 y 7 de diciembre. En estos congresos, amén de darse encendidos debates sobre el amor, sexo, inteligencia artificial, soledad, prostitución, pedofilia y un largo etcétera, se presentan los último avances en sexo cibernético, tales como el “Kissenger”, un dispositivo que se incorpora al smartphone y que contiene unos sensores que detectan la presión de un beso y, mediante una app, la transmiten a la pareja en tiempo real, permitiendo a dos personas besarse aunque estén lejos. O el “Teletongue” consistente en dos piruletas, una de ellas registra el sonido de lamer y detecta los gestos de lamer, mientras que la otra los convierte en vibraciones placenteras dentro de la boca de la otra persona.

Basados en estos avances, hay investigadores que no dudan en vaticinar que los robots podrían brindar experiencias sexuales fantásticas, como Lynne Hall, profesora de la Facultad de Ciencias Informáticas de la Universidad de Sunderland.

El autor de “Love and Sex with Robots”, David Levy, está plenamente convencido de que el sexo con robots será corriente en el futuro hasta el punto de que concibe el matrimonio entre humanos y estas máquinas “inteligentes”. En una entrevista hecha a finales de 2015 por Eva Wiseman, columnista de la revista Observer, Levy exponía: "Mira, One has to accept that sexual mores advance with time, and morality with it. uno tiene que aceptar que las costumbres sexuales avanzan con el tiempo y la moralidad con él. If you had said a hundred years ago that, today, men would marry men and women women, everyone would have laughed. Si hubieras dicho hace cien años que, hoy en día, los hombres se casarían con hombres y mujeres, todos se hubieran reído. Nothing can be ruled out.” Nothing? No se puede descartar nada.” Él no duda de que el sexo con robots traerá beneficios para alguno de los problemas actuales, como la prostitución (“se volverá obsoleta”) o la soledad.
Robot "Getty" ATLAS/El País
En el otro extremo está la opinión de Kathleen Richardson, antropóloga e investigadora sénior en ética de la robótica del Centro para la Informática y la Responsabilidad Social de la Universidad De Montfort, en Leicester (UK), que abandera la campaña contra los sex robots. Ella manifiesta que los robots sexuales contribuirán a perpetuar la visión de las mujeres como objetos sexuales y fomentarán un mayor aislamiento social. Así mismo advierte del riesgo de la aparición del negocio de la creación de robots infantiles para pederastas, "Pedófilos, violadores, personas que no pueden establecer conexiones humanas, necesitan terapia, no muñecas". 

Afirma, además que la introducción de los robots “socializados” está ocurriendo en sociedades hipercapitalistas impulsadas por ideas neoliberales, donde las personas, dice ella, se están distanciando unas de otras; where in warm living rooms families sit together but apart, each concentrating on individual screens. donde en las cálidas salas de estar las familias se sientan juntas pero separadas, cada una concentrándose en pantallas individualesIt's a direct path, she believes, from the way we communicate through machines, from social networking, to robots..And this, she says, is dangerous. Y esto, dice ella, es peligroso.

Robots sexuales “inteligentes”

Lo cierto es que los robots están evolucionando rápido desde queThey were invented in Bristol in 1949 by William Grey Walter, who was investigating how the brain works., en 1949, fueran inventados por William Gray Walter, a partir de sus investigaciones acerca de cómo funciona el cerebro. Tanto que hay investigadores que predicen que en el futuro el sexo será “teledilónico”, término que hoy se ha expandido para incluir libremente la nueva generación de muñecas sexuales robóticas.

D. Hines inventor de “Roxxxy”/SankeMKD – flickr.com
La incorporación de la inteligencia artificial a las y los robots sexuales es ya una realidad. En mayo de 2015 se presentaba en EE.UU. "Roxxxy Gold" como “el modelo de robot sexual más avanzado”, según palabras del profesor de neurociencias de la Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, David Linden, en declaraciones a The Wall Street Journal 7000 dólares la versión femenina y 1500 la masculina, “Rocky”. Construida de silicona y metal, se activa con sensores en la piel plástica y es capaz de responder a la voz humana. 

“Samantha”, otra robot sexual dotada de inteligencia artificial, está programada para buscar un acercamiento romántico primero y solo después de sentirse cómoda, pasar a lo sexual. "Básicamente le gusta que la toquen. Tiene diferentes modos de interacción: románticos, familiares y también sexuales", indicó su creador, Sergi Santos, a la agencia Ruptly. Experto en bionanotecnología, señala que las partes de su cuerpo que responden de manera sexual a los estímulos son la boca, el punto G y los senos, y es capaz de sentir un orgasmo si los estímulos son adecuados.

Hoy ya se puede adquirir “Harmony”, fruto del trabajo desarrollado durante 20 años en Abyss Creations, en San Marcos, California. “Harmony” es una real doll a la que se le ha incorporado una cabeza “inteligente” (realbotix). Esta robot sexual es capaz de sonreír, jadear, hablar e incluso tener un orgasmo. Tiene movimientos naturales y una piel cálida y suave.  Aquellos que adquieran una robot “Harmony”, podrán elegir su aspecto por completo: el tamaño y la forma de los pechos, el color de su pelo, de su piel, de sus ojos e, incluso, la forma de los genitales...También podrá ser programada para que actúe de una forma u otra y que vaya adquiriendo conocimiento sobre el comprador y sus gustos.

Nuestro futuro sexual con robots

En julio de 2017, un grupo de expertos en robótica liderados por Noel Sharkey, profesor emérito de robótica e inteligencia artificial de la Universidad de Sheffiel (UK) y Aimee van Wynsberghe, profesora de ética y tecnología de la Universidad de Delft (Holanda), publicaron un inquietante informe tituladoOur sexual future with robots. En él se exponen los resultados de una serie de encuestas llevadas a cabo en EE.UU., Reino Unido, Alemania y los Países Bajos que indican que hay un sector de la población predominantemente masculina, con porcentajes muy variables entre unos países y otros, que contemplan la posibilidad de tener un robot sexual.

Los autores de este informe llegan a una serie de conclusiones, entre las que destaca que, a pesar de que “el deseo de ser deseado” es básico en la sexualidad humana, para algunas personas, la fantasía permite una relación ficticia psicológicamente satisfactoria.

En relación a problemas tales como la prostitución, la percepción social del género, el aislamiento social, la terapia sexual y los delitos sexuales, opinan que, sobre la prostitución, no hay evidencia a que el uso de robots vaya a reemplazar a las mujeres dedicadas a su ejercicio ni que vaya a reducir el tráfico sexual, a pesar de que haya hombres que acepten el uso de robots sexuales en lugar de prostitutas. 

En cuanto al género, las opiniones señalan claramente hacia un impacto negativo en las actitudes sociales hacia las mujeres y su imagen corporal, así como su contribución a mercantilizar el cuerpo femenino. 

En lo que se refiere al aislamiento social, no hay acuerdo sobre el impacto de la intimidad sexual con robots. Parece ser que hay personas que ven a los robots más como asistentes “sexuales” que como compañeros. En último término, el aislamiento o no social podría depender de las normas sociales y de la aceptación de la comunidad en cuestión.

Por último, hay total desacuerdo sobre si los robots ayudarían a reducir los delitos sexuales, existiendo además vacíos legales en cuanto a la distribución de robots sexuales que representan a niñas/niños.

Según vaticina David Levy, "En los próximos diez años será perfectamente factible, desde el punto de vista del software, crear un compañero robot que sea todo lo que la gente pueda desear en un cónyuge, que sea paciente, amable, cariñoso, confiado, respetuoso y que no se queje, sin embargo, algunos disfrutan de las fricciones en una relación y pueden querer casarse con un robot agresivo, algunas personas seguramente lo encontrarían emocionante".

La película Her ya nos mostraba la posibilidad de enamorarse de la inteligencia artificial, lo que plantea no pocas incógnitas sobre las relaciones humanas y el sexo.
El futuro ya ha llegado.


Juan Carlos Diezma. Médico salubrista